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Revista Babia
Por Juan Cruz León

Cuatro discos en menos de una década hablan por lo menos de alguien inquieto. Si le sumamos un libro de poesías y colaboraciones en los discos homenaje a Spinetta, León Gieco y Litto Nebbia, el perfil adquiere ya otros colores y matices. Como también, si agregamos su rol como baterista en Compañero Asma, la banda de Hernán Espejo. Ahora bien, si entendemos que los tres trabajos anteriores de Andrés Ruiz (Amuleto, Amor ventrílocuo y Los deudos) han despertado al llamador de un incipiente pero justísimo hype en medios locales, podemos aventurar que hay una producción artística que fluye de corrido, gruesa y caudalosa, que puede valerse por sí misma.
Ruiseñor es un disco de canciones luminosas, que desde sus timbres y colores puede remitirnos a Spinetta o Nebbia, pero también a Peter Hammill o Van Der Graf Generation, o a la tradición folk inglesa o americana de tipos como Bob Dylan, The Band, Nick Drake, Robert Wyatt, Kevin Coyne, Incredible String Band o Fairport Convention. Sobre esas coordenadas, asumidas o no, se hilvana un universo absolutamente propio. Mucho más luminoso y simple que su disco anterior (Los Deudos, 2008) y, por cierto, tanto más cancionero y seductor. “Estas prosas tienen las palabras para dar con vos”, dice “Mis hermanos”, tema que abre el disco. Y en esa propia convicción hay algo de verdad. Y es que este disco ya tiene un dueño. Más de uno, seguramente.
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